Las primeras semanas del embarazo son fundamentales para la formación del bebé. El folato (o vitamina B9) es un nutriente esencial que nuestro cuerpo necesita para crear y reparar el ADN y que juega un papel clave para la formación del sistema nervioso y los glóbulos rojos.
Se ha demostrado de manera contundente la efectividad del ácido fólico en prevenir defectos del tubo neural. Es precisamente durante las primeras semanas del embarazo (6ª semana) cuando se forma esta estructura, que cuando no se cierra correctamente, pueden ocurrir defectos graves como la espina bífida (donde la médula espinal no se desarrolla completamente) o la anencefalia (desarrollo incompleto del cerebro).
Estos defectos ocurren muy temprano en el embarazo, de ahí la importancia de planificar y suplementar de manera adecuada antes de la concepción. Además, es importante tener en cuenta que las necesidades de folato aumentan durante el embarazo y que es un micronutriente esencial que no somos capaces de sintetizar, es decir, debemos obtenerlo a través de la ingesta alimentaria–que habitualmente es inferior a la cantidad recomendada.
Es por ello que algunas guías recomiendan comenzar dos o tres meses antes de la concepción, especialmente para mujeres de alto riesgo. Esto se debe a que, aunque los niveles en sangre se normalizan rápidamente una vez que se inicia la suplementación, los niveles en los glóbulos rojos (que reflejan mejor las reservas corporales) tardan aproximadamente tres meses en optimizarse.
La suplementación se debe continuar durante todo el embarazo ya que existen otras complicaciones asociadas al déficit de folatos: se ha asociado a defectos congénitos como labio leporino o malformaciones cardíacas así como enfermedades placentarias.
Además, cuando existe un déficit de ácido fólico los niveles de homocisteína en sangre se elevan. La homocisteína elevada se ha postulado como factor de riesgo independiente para aumento de abortos, desprendimiento prematuro de placenta o preeclampsia.
¿De dónde obtenemos el folato?
Aunque los términos «folato» y «ácido fólico» se usan frecuentemente de manera intercambiable, son diferentes.
El folato es el término genérico por el que nos referimos a una familia de compuestos que incluyen el ácido fólico y sus derivados (5MTHF, 5-FTHF /ácido folínico, metiltetrahidrofolato o THF )
El folato o vitamina B9 es la forma natural en la que encontramos este micronutriente. Se trata de una vitamina hidrosoluble que se puede encontrar en alimentos de hoja verde principalmente (espinacas, lechuga romana), legumbres, frutas cítricas, carne, cereales integrales sobre todo fortificados, huevos, leche o frutos secos. El folato dietético es absorbido en intestino delgado donde se transforma (a 5-MTHF) y pasa a sangre.
Sin embargo el ácido fólico que es la forma sintética que se ha creado para suplementos, debe metabolizarse a través del hígado mediante una enzima (la MTHFR) para formar THF antes de ser integrado en nuestro organismo.
Esta enzima, se satura con facilidad lo que puede ocasionar niveles excesivamente elevados de ácido fólico en la sangre. La creciente exposición a dosis altas de ácido fólico de suplementos o alimentos fortificados y baja actividad de la enzima son causa de aumentos en plasma de ácido fólico superiores a los recomendados.
Ese exceso mantenido en el tiempo enmascara e incluso puede empeorar el déficit de vitamina B12 e interactuar con absorción de zinc y otras drogas con efectos epileptógenos. También niveles altos se han asociado a un mayor riesgo de cáncer colorrectal pero la evidencia científica es contradictoria.
Es importante tener en cuenta que además, existe un porcentaje no desdeñable de personas en la población con una variante genética de esta enzima (MTHFR) -se calcula que un 50% aproximadamente de la población es portadora de algún polimorfismo- y que hace que existan niveles más bajos de folato en sangre.
Dosificación
Teniendo en cuenta estas consideraciones, ¿cómo y qué folato elegimos?
En primer lugar es importante puntualizar que las recomendaciones de las principales sociedades científicas a día de hoy incluyen tomar 0.4 miligramos (o 400 microgramos) de ácido fólico diariamente, comenzando idealmente de 1-3 meses antes de la concepción y continuando durante todo el embarazo y hasta 4-6 semanas postparto.
Hay situaciones concretas en las que el riesgo de presentar defectos del tubo neural está aumentado (por antecedentes o por riesgo de malabsorción de nutrientes) . Estas situaciones incluyen a mujeres con antecedentes de defectos del tubo neural, diabetes preexistente, uso de ciertos medicamentos que interfieren con el folato, condiciones médicas que afectan la absorción de nutrientes como la enfermedad inflamatoria intestinal o la cirugía bariátrica, obesidad o mujeres con variaciones genéticas-polimorfismos de la MTHFR.
En ellas recomendaremos una dosis mayor , habitualmente entre 1 y 4 mg. Dosis más altas de 5mg no suelen ofrecer beneficios adicionales dada la facilidad para la saturación enzimática que además de aumentar el fólico no metabolizado, puede empeorar el déficit uniéndose a la enzima 5MTHFR.
Para todas las mujeres las formas de folato activo podrían ser interesantes, sobre todo si ajustamos las dosis de manera individualizada. Podemos asegurarnos que los niveles de folato son los adecuados mediante la monitorización directa de folato intraeritrocitario (óptimo 160-640 mg/l), o de manera indirecta midiendo la homocisteína en sangre (nivel óptimo 6-9 mmol/l).
Debemos además asegurar el aporte de cofactores: vitamina B2, B6, y B12, y evaluarlo en conjunto con el resto de estrategias nutricionales.
Los suplementos que podemos encontrar con formas activas incluyen en su composición: Folato activo, L-metilfolato, 5-MTHF, Tetrahidrofolato, Metiltetrahidrofolato, Metafolin Quatrefolic , Methylfolate.
Conclusión
La suplementación con ácido fólico representa una de las intervenciones de salud pública más exitosas de las últimas décadas. Es una medida simple, económica y altamente efectiva para prevenir defectos graves del desarrollo. La clave está en la educación y la individualización, por ello siempre se recomienda una visita preconcepcional y prescripción por especialista para determinar la dosis y el plan de suplementación más apropiados.
Recuerda que estas son recomendaciones generales, y basadas en la evidencia científica actual que puede variar y con ella las recomendaciones.
El cuidado prenatal óptimo comienza antes del embarazo, de modo que no dudes en consultar si piensas o vas a buscar embarazo.
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Texto original. Copyright Verónica Gorraiz Ochoa CC BY-NC-ND 4.0
